2 de abril de 2015

Tips para hacer la maleta perfecta

Sé que es muy pronto, y sé que probablemente ningún becado lea mi maravilloso blog que tengo abandonado, pero mi yo de hace un año habría matado por una lista como esta, y ahora no me tiraría de los pelos cada vez que tengo que rebuscar hasta en la casa del perro algo que ponerme. Así que allá vamos:

Tips para hacer la maleta perfecta ( y no morir en el intento )

1. Haz una selección de toda la ropa que te pongas a menudo, esté decente, y te guste. Este punto es importante, creo que el que más. Tanto para padres como para hijos. Yo me traje mil y una cosas que no me he puesto ni una sola vez. Ni una, ya sea porque no me gusta, porque mi madre y yo la metimos pensando en que en Canadá iba a ser de utilidad "porque hace frio". Pantalones, camisas, cuellos vueltos, un par de vestidos y varias camisetas que llevan colgados en el armario desde el día que deshice mi maleta. Así que el primer paso es poner una manta sobre el suelo o la cama, y sacar toda la ropa que sabes que te vas a poner, sin pensar en cómo será Canadá. Da igual que sea de verano o de invierno, azul o blanca. Sácalo todo.

2. Mira las etiquetas y asegúrate de que puedes echar las prendas en la secadora. De no ser así, y en la mayoría de los casos, el proceso de hacer la colada se va a alargar hasta el infinito y más allá. Hablando de mi experiencia, ropa de día a día, que uso más de una vez por semana ( vaqueros, pañuelos... ) no pueden ser secados a máquina, y entre que los lavas, los cuelgas en tu habitación, y se secan, han pasado de dos a tres días, y os digo desde ya que eso no es ni práctico ni cómodo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que no metáis ropa por esto, solo os digo que si yo fuera tu intentaría reducir al máximo este tipo de prendas.

3. Lavar a mano es algo que queréis evitar por encima de todas las cosas. La mayoría de las prendas medianamente arregladas que tenéis en vuestro armario ( femenino ) no se puede meter en la lavadora. Eso significa que váis a tener que poneros lo que sea un par de veces y dejarlo a un lado hasta que tengáis un buen montón de ropa que necesitéis lavar a mano ( y eso reduce mucho la cantidad de ropa que podéis poneros ) y váis a pasar un par de horas - si tenéis suerte de tener una pila en la sala de la colada ( si tenéis sala de la colada )  - eslomados fregando a mano o si no tenéis nada de lo anterior váis a tener que comprar un barreño y hacerlo en el cuarto de baño, lo que prometo que es la mayor pesadilla de la historia del estudiante internacional. Y sí, sabéis bien, hay una cesta en mi habitación única y exclusivamente para la gran cantidad de ropa que adoro y que uso mucho pero que no puede ser lavada a máquina. Si podéis evitar eso, hacedlo. Tampoco queréis planchar, creedme.

4. Llegados a este punto habréis reducido el montón de ropa notablemente, y podéis empezar a hacer conjuntos y valorar lo que necesitáis de más y de lo que podéis prescindir. Para triunfar con la maleta tenéis que llevar numeros equilibrados de ropa o, en otras palabras, llevar los conjuntos más o menos planificados. Sé que suena estúpido, pero voy a demostrar lo contrario: me traje unos pantalones rosas, o magenta o berenjena o cómo sea que se llame el rosa oscuro violáceo: sólo me los puedo poner con una camiseta blanca. ¿Te conviene eso? No, te lo digo ya. Por mucho que ames esos pantalones. Así que organiza la ropa que lleves, observa que nada se queda "fuera del rebaño", si lo hace tienes dos opciones: lo dejas en tierra o buscas algo con lo que puedas ponerte eso. Yo te recomiendo que lo dejes, por lo mismo; si solo hace un conjunto estoy segura de que puedes ir de compras y encontrar algo que te guste tanto o más, y que conjunte con más prendas.

5. "Voy a Canadá- o a EEUU- hace frío voy a llenar la maleta de ropa abrigada, mangas largas, suéteres, sudaderas, pantalones de pana, etc". Error. Grande. Error en el que vuestros padres os van a hacer caer y después sufriréis cuando lleguéis y haga un calor que ni en Sevilla en feria y vosotros tengais cinco cuellos vueltos y dos chaquetones de invierno ( Hola Lydia del pasado ). El truco está, de nuevo, en el equilibrio. Canadá es un país frío ( recordaros que estoy en British Columbia, y que probablemente alguien en Manitoba difiera conmigo en este punto ), pero aunque en la calle haga -20, en el colegio hay 20, y en la cafetería también, y en el centro comercial igual, y en el bus. Haced la maleta pensando en que váis a ser cebollas. Si sois frioleros os digo desde ya que no váis a ir en manga corta por la vida, ni siquiera en manga de jersey, pero tampoco váis a ir con una camiseta interior termica, un cuello vuelto, el jersey, la sudadera y el chaquetón, aunque mamá y papá digan que sí, yo te digo que te vas a cocinar hasta la muerte. Yo no traje ropa de verano - más que las camisetas de la beca, unos shorts y un par de vestidos - y en cuanto hemos dejado el negativo atrás he tenido que ir de compras a por ropa primaveral. ¿Que vais a comprar? Si. ¿Que váis a coceros hasta que encontréis ropa fresquita que os guste y que no os cueste el riñón que no váis a usar para nada atípico en vuestra estancia aquí? También. Equilibrio. La clave está en el equilibrio.

6. ¿Me llevo el abrigo, o lo compro allí? Yo he sobrevivido con un plumas tres cuartos de Mango todo el invierno ( mínimas de -30 ) y estoy segura de que podría haber aguantado más frío. Ocupa espacio, mucho, pero en mi humilde opinión si váis en rebajas os va a costar entre 50-80 euros, y si lo compráis aquí no bajan de 120 dólares + taxes -Viva Canadá-( si tienes suerte. El que yo estuve mirando que me enamoró muchísimo eran 180 + ). Si no queréis llevaros el chaquetón desde España, porque pesa y ocupa espacio y estáis preocupados de que los materiales que tenemos en España no van a soportar el duro y cruel invierno Canadiense, os aconsejo que miréis en las tiendas de segunda mano ( adoradas tiendas de segunda mano donde encuentras tesoros a precios que ni en sueños ). Ahí hay cosas. Lo mismo con la ropa de invierno. No necesitáis llenar la maleta de ropa de abrigo. Por favor mamás del mundo, Canadá es carísimo para la ropa. Mucho. Pero no os conviene llenar la maleta con cuatro tiestos de invierno cuando podéis meter muchísimas cosas, y dejar un par de pendientes para ir a comprar una vez vuestros hijos aterricen en este lejano país. Pero ojo cuidado, si no váis a llevaros el chaquetón desde casa aseguráos de llevar otro tipo de chaqueta que os sirva hasta entonces. Yo me traje otro tres cuartos finito de Zara que adoro y que uso hasta que hace muchísimo frío. Chicos, esto es importante, necesitáis una chaqueta de entretiempo. Apuntarlo como queráis y donde queráis, pero no vengáis sin abrigo.

7.  Zapatos de invierno. Otra maravillosa pesadilla. Yo me traje los míos desde España. 70 euros del Decathon o como se llame. Altas, para evitar que entre la nieve, forradas por dentro con borreguito - completamente enteras, desde la puntera hasta la rodilla - impermeables, supuestamente útiles hasta los -12. Yo las he llevado hasta -30 y como si llevara los pies en una sauna. Volvemos a lo mismo aquí. Valorar lo que tenéis, lo que véis por ahí, y haced una lista de pros y contras pero pase lo que pase y hagáis lo que hagáis botas altas o, medias si sois chicos y no os va el rollo jinete. Las botas pesan y ocupan mucho espacio. Las botas de invierno más decentes que he encontrado yo aquí eran 100 + taxes. Las timberlan 150 + taxes. Yo abrigo más botas 140 euros, que unos 180 dólares. Pensad con cabeza.

8. Otros zapatos: Calidad lo primero . Meted los zapatos que uséis dia a día. Absteneros de tacones de vértigo, porque ni váis a ir de fiesta ni creo que queráis ir al instituto con ellos. Yo aconsejo piel, unos botines bajos para cuando haga frío pero no nieve, y luego las vans o converses que uses a diario ( aquí son más baratas, pero aún así conviene traer un par de zapatos porque no vas a ir a comprar right away, y si vives en un pueblito menos aún ). Los números en Canadá son distintos, los zapatos de mala calidad y los precios altísimos. Mi experiencia: me traje muchos zapatos, porque soy una chica de zapatos. Traje tacones de día a día, y los uso casi a diario porque los adoro y me parecen comodísimos ( dos pares ), uno de ellos es mi par de botines de los que os hablo y los otros son unos zapatos de tacón muy parecidos a los de baile flamenco. Mis amores. Traje unas vans de imitación vaqueras, que he usado como no he usado ningún otro zapato - a parte de los dos primeros - nunca jamás. Super cómodos, super últiles, super "apañaos" con cualquier cosa porque no tienes que mirar si pega o no. Traje dos pares de toreritas, unas de color y otras negras. No las he usado mucho, no os recomiendo que traigáis cosas así a no ser que vayáis a zonas donde no llueva mucho ni haga mucho frío. Traje unos Pikolinos de piel adorables súper cómodos que me sirven de zapatillas de deporte y que uso cada vez que salgo por ahí a explorar. Os recomiendo traer algo así ( o directamente unas deportivas ) y luego metí unas sandalias de verano para los días en el hotel y que no he usado más porque aún no ha hecho un calor de: madre mía me muero me arden los pies. Supongo que podéis prescindir de estos últimos también si os las apañáis con otra cosa para los días en Madrid.

9. Asegúrate de meter un chubasquero finito que sirva de quitavientos.

10. Ropa interior para algo más de una semana. Entre que os explican cómo va a funcionar lo de la colada ( si te lo hacen ellos y lo haces tu ) y vas a compar por tu cuenta ( no creo que quieras a tus host padres comprando ropa interior contigo ) va a pasar un tiempo. Lo mismo con calcetines si vas a usarlos en septiembre también.

11. Neceser: cepillo de viaje, pasta de viaje, esponja (aquí no tienen esponjas normales, vosotros veréis), gomas para el pelo y poco más. Ahorraros el maquillaje, la gomina para el pelo, los tiestos para poneros guapos y guapas, la laca del pelo, las cremitas para la cara a no ser que de verdad las necesites ( aquí las puedes comprar y no son muy caras ). Si usáis lentillas traeros las lentillas de casa. Para los diez meses. Yo me traje de las desechables y de las de mes. Meted un pequeño bote de líquido lacrimal de las lentillas en caso de que las traigáis.

12. Consejos y advertencias: la ropa que traigáis va a terminar hecha un harapo en la mayoría de los casos. Si amáis algo con todo vuestro corazón no lo traigáis, ya lo disfrutaréis en casa. La ropa, la comida y casi todo en general es caro. Pensad con cabeza. Esperad un gasto alto durante los primeros meses. Tened en cuenta que vais a comprar cosas para la vida diaria que en España os compra papi y mami. Tenéis unos 50 kg entre los tres bultos. No os paséis, no forcéis las cremalleras, no abultéis el equipaje de mano. Usad bolsas de extracción de vacío para la maleta grande ( es mágia, lo prometo ). Llevad medicinas pero no un arsenal. Olvidáos de la depilación de salón de belleza. Meted un pijama de manga larga finito, y comprar uno más de invierno aquí. La ropa de esquí aquí, a mi me la ha dejado la fam. Preguntad antes, lo mismo en vuestra casa de acogida tienen cosas. No os matéis de estrés, lo que se quede en tierra, se queda en tierra. Canadá está lejos, pero no son trogloditas

13. No olvidéis las ganas, la ilusión, los sueños, los miedos y las ganas de aprender. El mundo es vuestro.

Viajar es cargar con una maleta llena de ilusiones, errores y ganas de vivir

28 de enero de 2015

Miedo



La vida consiste en aprender, en aprender y hacerlo sin miedo. Supongo que cuando estás a punto de vivir un sueño no te paras a pensar en que no todo son autobuses amarillos, tardes de frío, tés y libros, pasillos llenos de taquillas y amigos para siempre. Supongo que nunca te das cuenta del monstruo que llevas en la maleta hasta que la abres y te salta a la cara. Todos tenemos un monstruo que nos persigue y atormenta en cada paso que damos, podéis llamarlo como queráis, yo al mío le llamo Miedo.

Si buscáis una descripción física de mi monstruo siento decepcionaros al deciros que Miedo no tiene rostro, y que eso es lo que le hace aún más mortífero. El miedo, y mi Miedo en general, mis dos pequeños acompañantes, mis sombras no deseada, mi temor cada noche antes de dormir. Miedo antes no era Miedo, de hecho nunca lo ha sido antes de venir.

Miedo a crecer, miedo a la soledad, miedo a seguir adelante, miedo a lo nuevo, miedo a lo viejo, miedo a amar, miedo a perdonar, miedo a creer en ti, miedo al triunfo y miedo al fracaso, miedo a perdernos, pero también miedo a encontrarnos. En definitiva, Miedo al Miedo.
Porque llega un día en el que te paras a pensar y terminas llorando, porque todo lo que antes era tu mundo ya no es nada más que una línea de tu historia que se ha quedado muy atrás. Porque la gente que siempre iba a estar ahí no se queda, y te encuentras a ti misma perdida en un mundo que no sabe que existes en el que estás sola y sin saber dónde está la salida. Porque esa soledad no viene sola, si no que viene de la mano de mi monstruo personal, de Miedo, de mi Miedo, que se aprovecha del titubeo para hacerme creer que él es capaz de re guiarme a casa. Y porque con la soledad llega la hora de crecer, de enfrentarme al mundo real, de dejar de llorar por algo que no está en mi mano. Porque toca hacerme mayor, y con ese paso llegan nuevos problemas de los que Miedo se alimenta y con los que él se hace mayor, pasando a ocupar no solo una parte de mi pecho, si no parte de mi mente también, no dejándome pensar con claridad. Y con el crecer llega el amor, y con el amor más miedo. Porque unos tenemos miedo a dejar lo conocido mientras otros morimos por tener que quedarnos aquí. Pero resulta ser que el amor es la tinta de cada palabra, de cada línea, de cada capítulo. Y esa es mi historia, y por lo tanto el lugar donde está mi corazón. Pase lo que pase, en el amor está el hogar. Y en casa no existe el miedo, porque vuelvo a ser una niña que no tiene que crecer, dónde nunca estoy sola y donde no hay espacio para pequeños demonios.

Porque vinimos aquí pensando que los cuentos de hadas siempre tienen finales felices, sin pararnos a pensar que las pesadillas también existen. Porque esto no es perfecto, porque nunca lo va a ser, porque sigo durmiendo con Miedo entre las sábanas, miedo a no estar aprovechando el tiempo, miedo a no hacer amigos nunca, pero sobre todo miedo a equivocarme, miedo a arrepentirme, miedo a no querer y a no encontrar el camino de vuelta a casa.

26 de diciembre de 2014

Estos últimos meses

Si hay algo que Canadá me ha enseñado desde el primer momento en el que puse un pie en ella es que el tiempo tiene alas; débiles, con ese punto de transparencia que te obliga a mirar a contra luz si quieres apreciarlas, hechas de ilusiones, recuerdos, miedos, días vacíos, sonrisas, pasiones, llantos... Unas alas que vuelan demasiado rápido, sin titubeos, sin miedo a que algo o alguien las detenga, con la certeza de que su trayecto es infinito y de que, valga la redundancia, tienen todo el tiempo existente. Es, literalmente, un parpadeo lo que me ha llevado a estar escribiendo esto después de cuatro meses lejos de casa, después de cuatro meses que si alguien me preguntara, diría que han sido dos. Los dos primeros que ya resumí en su día.
Me da miedo ver como todo se va desvaneciendo, como se me escapa el tiempo entre las manos. Me da pánico observar que el mundo gira y gira y gira y no se para ni los días en los que más desearía volver a casa. Me da miedo pensar, me da miedo el silencio que me trae la soledad y el pensamiento de no avanzar, el haberme dado cuenta de lo que es la soledad, de lo que es sentir un vacío en el pecho cuando necesitas gritarle al mundo que no estás bien, pero te das cuenta de que no tienes a nadie con quien hablar. Cuando quieres gritar a los cuatro vientos que estás viviendo los días más maravillosos de tu vida, que ves tras la mirada de la gente la oportunidad de ser verdaderament feliz.

En estos últimos meses he vivido más que en toda mi vida. Me miro al espejo y no reconzco esos ojos oscuros que miran entre tristes y curiosos, pero me encuentro en la mirada de la extraña que me observa desde el cristal. Es una sensación que no soy capaz de describir, es algo que no creo que deje nunca de perseguirme. Es díficil buscarte y verte cada vez más perdida al igual que es difícil escrivir sin tener claro que es lo que quieres contar.


27 de octubre de 2014

Second month


Bci ^^
Was hard, is being hard and is going to be hard. Being away from home is always hard. One day you are hugging your mum, talking with your sister, having dinner with your friends, debating with your father, laughing with your granny and learning with your uncle and the next day you have all you always wanted, unless this hugs, conversations, dinners, debates laughs and classes. I miss, that’s true, but I can live with this feeling, because missing someone means love, and living without love must be really sad. I have been here for two months today. Two incredible and unrepeatable months: They have been amazing because I met great people, known beautiful places, overcome problems by myself, grown up, tried foods I never knew existed, and I have checked it that out of my home, my school, my city, and everything that was my life, there is a huge world to discover. I´ve noticed too that small details make huge things: without going further, finally today I´m starting to see smiles in my classmates’ faces, those classmates who seemed afraid to talk to me a couple days ago (which I can understand: who wants to become friend with someone who is leaving by the end of the year and that they are probably not going to see in a long long time? Who wants to be patient with someone they doesn’t know because this person doesn’t speak properly English? Who?, And I can’t be angry with them because I’m sure they don’t know how I feel, and they can’t even imagine how frustrating is not to say a half of what you want just because you don’t have the words to say it) and I even enjoyed the horrible cold morning of today, seeing the hat  and gloves do their job well ( I also think I’m going to die this winter because of the cold :D ). 
International Students!
I’m in love with Canada, I´m in love with Kamloops, I´m in love with every single tree, I’m in love with
being part of a family that has welcomed me as if it had always been here. I'm in love with photography classes.  I'm in love because the worst is over and I'm in love because I still have eight months to fall in love. Eight, nine, and fifteen and a life, because this has only just begun.


7 de octubre de 2014

Primer día

El cristal se rompe, el café se enfría, las cenizas vuelan, los instrumentos dejan de sonar. El amor se agota, las murallas caen, las hojas cambian de color.
Invierno.
Soledad.
Impotencia.
Desilusión.
Vergüenza.
Una niña en un columpio. El viento frío en una mañana de verano.
Tú. Yo. Lo que éramos, lo que fuimos, lo que quisimos ser y no pudimos.

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Te bajas del coche y lo primero que haces es suspirar. Tienes miedo, ganas, alegría, incertidumbre, ganas de reir, pero también de llorar: de correr, de meterte en la cama y no salir nunca, de abrazar a todo el mundo mientras gritas que estas cumpliendo un sueño. Y mientras esperas que una de esas emociones quede como vencedora, has subido los escalones y estas empujando la puerta con la maleta  dando golpes en  la parte baja de tu espalda. Nadie te mira, nadie presta atención a la ropa que cuidadosamente has elegido para la ocasión. Pero tu tampoco les prestas atención a ellos. Estás embobada mirando a todos lados: el gimnasio, las maquinas expendedoras, los largos pasillos llenos de taquillas, los tablones de anuncios... Las paredes pintadas de un naranja enfermizo te parecen. mientras avanzas camino de tu tutoría, de buen gusto y sonríes mientras miras el mapa fijamente procurando no perderte en ese laberinto de ruidos, olores y palabras en un idioma que aún no comprendes bien. Y atraviesas otra puerta importante, y te sientas en cualquier sitio y te dicen que si eres Lydia te has sentado en el sitio equivocado y pides perdón y te mueves al lado de un chico muy mono que está tan o más emocionado de lo que estás tú. Te dan tu horario, sabes que está todo mal y bajas a la secretaría de estudiantes. Vas concienciándote de que la gente no se da cuenta de que estas ahí, y que ni siquiera el chico guapo de tu clase de física te ha dicho hola. Respiras profundo. "Es solo el primer día" te dices aunque en el fondo sabes que es el peor día desde que estás en Canadá, y que la realidad te ha dado una lección sin ni siquiera pedirla.

10 de septiembre de 2014

A pedazos, a ratos, a parpadeos, a sueños



Hay personas que entran en tu vida y, aunque parezca increíble, dan la impresión de que siempre han estado ahí. De repente eres otra, o mejor dicho, eres tú, sin máscaras, sin escudos, sin murallas que te protegen en vano de peligros inexistentes. Entran sigilosamente, como si les diera miedo avanzar, como si estuvieran esperando un instante exacto, y van tan lentos, que cuando te quieres dar cuenta forman parte de ti y son tan indispensables en tu día a día que se convierte en motivo de preocupación el que no te escriban. Te planteas miles de cosas cuando te das cuenta de que estas personas están haciéndose un hueco en tu corazón, un corazón que para los demás está cubierto de hielo y espinas. Y te da miedo admitir que les quieres, porque querer es algo muy grande y querer a alguien que a penas conoce es señal de, por lo menos, locura. Pero me gusta estar loca si estoy loca por querer a alguien.
Y estoy más loca aún porque echo de menos cosas que no he tenido nunca, ¿Pero no es mejor estar loca y tener amor, que vivir sin la satisfacción de conocer lo que es querer a alguien tanto que darías lo que fuera por acortar la distancia que os separa?

Te pones a pensar y llegas a la conclusión de que en ningún momento la historia ha tenido un final feliz, que desde el principio ha estado condenada. España es grande y aunque seamos cien seguimos siendo demasiado pequeños como par lidiar con la distancia. Da ganas de llorar el saber que lo has tenido todo durante dos días y que al tercero ese todo se ha esfumado, dejándote con la sensación de haber estado soñando. Aunque también es bueno despertar y tener los ojos bien abiertos para saber apreciar todo lo que nos tiene preparado Canadá. Quizá lo pintaron como un sueño que luego se convirtió en pesadilla, pero estoy segura de que el miedo que sentí cuando me alejé fue el empujón que necesité para abrir los ojos mucho más que nunca, y convertirme en esponja para absorber todas y cada una de las experiencias que voy a vivir, los olores, las miradas, las personas...  y luego guardarlas en pequeños frascos y ponerlas en la preciada maleta que llevo a mi espalda y que poco a poco me va diciendo quién soy.
Supongo que el echar de menos es parte de la experiencia, pero como desearía que etuviérais aquí.