28 de enero de 2015

Miedo



La vida consiste en aprender, en aprender y hacerlo sin miedo. Supongo que cuando estás a punto de vivir un sueño no te paras a pensar en que no todo son autobuses amarillos, tardes de frío, tés y libros, pasillos llenos de taquillas y amigos para siempre. Supongo que nunca te das cuenta del monstruo que llevas en la maleta hasta que la abres y te salta a la cara. Todos tenemos un monstruo que nos persigue y atormenta en cada paso que damos, podéis llamarlo como queráis, yo al mío le llamo Miedo.

Si buscáis una descripción física de mi monstruo siento decepcionaros al deciros que Miedo no tiene rostro, y que eso es lo que le hace aún más mortífero. El miedo, y mi Miedo en general, mis dos pequeños acompañantes, mis sombras no deseada, mi temor cada noche antes de dormir. Miedo antes no era Miedo, de hecho nunca lo ha sido antes de venir.

Miedo a crecer, miedo a la soledad, miedo a seguir adelante, miedo a lo nuevo, miedo a lo viejo, miedo a amar, miedo a perdonar, miedo a creer en ti, miedo al triunfo y miedo al fracaso, miedo a perdernos, pero también miedo a encontrarnos. En definitiva, Miedo al Miedo.
Porque llega un día en el que te paras a pensar y terminas llorando, porque todo lo que antes era tu mundo ya no es nada más que una línea de tu historia que se ha quedado muy atrás. Porque la gente que siempre iba a estar ahí no se queda, y te encuentras a ti misma perdida en un mundo que no sabe que existes en el que estás sola y sin saber dónde está la salida. Porque esa soledad no viene sola, si no que viene de la mano de mi monstruo personal, de Miedo, de mi Miedo, que se aprovecha del titubeo para hacerme creer que él es capaz de re guiarme a casa. Y porque con la soledad llega la hora de crecer, de enfrentarme al mundo real, de dejar de llorar por algo que no está en mi mano. Porque toca hacerme mayor, y con ese paso llegan nuevos problemas de los que Miedo se alimenta y con los que él se hace mayor, pasando a ocupar no solo una parte de mi pecho, si no parte de mi mente también, no dejándome pensar con claridad. Y con el crecer llega el amor, y con el amor más miedo. Porque unos tenemos miedo a dejar lo conocido mientras otros morimos por tener que quedarnos aquí. Pero resulta ser que el amor es la tinta de cada palabra, de cada línea, de cada capítulo. Y esa es mi historia, y por lo tanto el lugar donde está mi corazón. Pase lo que pase, en el amor está el hogar. Y en casa no existe el miedo, porque vuelvo a ser una niña que no tiene que crecer, dónde nunca estoy sola y donde no hay espacio para pequeños demonios.

Porque vinimos aquí pensando que los cuentos de hadas siempre tienen finales felices, sin pararnos a pensar que las pesadillas también existen. Porque esto no es perfecto, porque nunca lo va a ser, porque sigo durmiendo con Miedo entre las sábanas, miedo a no estar aprovechando el tiempo, miedo a no hacer amigos nunca, pero sobre todo miedo a equivocarme, miedo a arrepentirme, miedo a no querer y a no encontrar el camino de vuelta a casa.

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